CARACAS vs. caracas

Caracas, ciudad de encuentro, de contrastes, de ambigüedades, centro urbano que representa un concentrado de la cultura de un país, lugar donde confluyen múltiples estilos de vida, algunos a espalda de otros. Su escudo protector, el Ávila, observa su valle, con su flujo constante de energía creadora y destructora.

Un organismo viviente que muta y transmuta, una suerte de arrecife coralino en el que millones de múltiples células se desarrollan interdependientemente. El rancho, hecho demográfico con más de medio siglo de vida, crece a espaldas de la planificación urbana, y viceversa. La ciudad que busca aislar al elemento marginal, también necesita de éste para sobrevivir.

Ciudad vial, donde las autopistas transportan la sangre de la ciudad, y el subterráneo lleva esa “gran solución para Caracas” por su red que lentamente crece bajo los pies del gigante de concreto. El peatón toma su papel entonces de estorbo en una ciudad, que como muchas criadas bajo la tutela del urbanismo moderno, se ve desde el punto de vista de un automóvil, mientras el peatón pasea entre aceras invadidas por la economía informal.

La actividad comercial de la ciudad se debate en el contraste de lo formal e informal, desde la tienda del diseñador más exclusivo al vendedor de El Cementerio, del concesionario de autos europeos a la moto-taxi, del restaurant de Las Mercedes al perrero de la esquina. Esa simbiosis que muestra diversos aspectos de la ciudad, va mostrando esa metamorfosis a medida que se la recorre, el ying-yang tan habitual que pocos se detienen a detallar entre el ajetreo diario capitalino.

La inseguridad aumenta un fenómeno de miedo que se transforma en segregación, una ciudad dividida entre unos que desean lo que otro tiene, y aquél que protege lo que es suyo. Las garitas, murallas y el río de cercos eléctricos van adornando la cornisa de cualquier vivienda del este y sureste de la ciudad, un sentimiento de seguridad que desaparece ante la obligatoriedad de salir cada día a seguir coexistiendo con la realidad del crimen y la violencia.

También se vive la confrontación, como capital, Caracas es protagonista esencial de los sucesos políticos de la nación, y de este nuevo contraste de la división política, que aparenta redundante en una sociedad que ha tenido dos facetas durante mucho tiempo, pero que sólo ahora ha tomado una connotación mucho más severa y perjudicial para la coexistencia de una población que suele olvidar su presente tan pronto como éste se convierte en pasado.

Entre todos los contrastes, Caracas vive y sobrevive, ya que una ciudad no tiene tiempo para detenerse y comenzar de cero. A excepción de los casos fallidos de utopías urbanas, la ciudad no puede saber con precisión milimétrica la forma en que se va a desarrollar: las ordenanzas, leyes y las mismas tendencias sociales, económicas, arquitectónicas, etc., marcan una pauta al respecto, pero es ella misma quien va determinando su destino día a día, mirando al presente como referencia y proyectando un futuro el cual es por encima de todo, incierto.

La ciudad, más que sólo un simple hecho urbano, es un hecho social, económico, político, psicológico, artístico, humano, un proceso de eterno cambio, renovación y sustitución. Es un problema y una solución, un salón de experimentos con milenios de antigüedad de una raza que depende de una coexistencia en sociedad para su desarrollo, subsistencia y evolución.

  @msanleon

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